Los almerienses mantenemos la vieja costumbre de comer migas cuando llueve. Nadie sabe a ciencia cierta por qué nos da por preparar este delicioso plato cada vez que una borrasca deja chubascos,. Se dice que la gente que vivía en el campo se encontraba un tanto aislada.
Cuando llovía con intensidad, no podían salir a comprar. Estos días, familiares y amigos se reunían haciendo migas en torno a una chimenea. Éstas debían de quedar sueltas y bien desmigadas.
Eso se conseguía con un buen baile entre la paila,.